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De Eso Tan Bueno Sí Dan Tanto

Anoche me acosté diciéndole a Dios algo que nunca antes le había dicho.

Le pedí que, si estaba en un coma o atrapada en una ilusión, me despertara. Que me devolviera a la realidad, aunque fuera dura, aunque doliera. Pero también le dije que, si esto que estoy viviendo era realmente mi vida, entonces quería despertar al día siguiente con la capacidad de disfrutarla al 100%.


He pasado por cosas difíciles, por momentos que me dejaron cicatrices. Y creo que, en algún lugar dentro de mí, quedó esa voz que susurra: “De eso tan bueno no dan tanto”.

Es una desconfianza aprendida, un eco de las heridas del pasado. Pero en los últimos días, me he sorprendido repitiéndome: “No puedo creer que esta sea mi vida. ¿Por qué es tan buena? No tiene sentido”.


Hoy desperté y comprendí algo: Dios es bueno. 

No se trata de mí, de si lo merezco o no. Se trata de que Él me ama, y porque Él es bueno, me da cosas buenas. Tengo más de lo que necesito, más de lo que alguna vez soñé.

Y, para quien necesite pruebas, aquí van algunas:

  • Yo le había puesto el ojo a mi esposo mucho antes de conocerlo, porque me parecía increíblemente guapo en Instagram. ¿Quién hubiera dicho que hoy sería mi esposo?

  • Luego está mi trabajo, ese lugar donde me siento plena, donde hago lo que amo.

Y así podría seguir con una lista interminable de bendiciones, todas envueltas en esa bondad inmerecida que solo puede venir de Dios.


Es curioso cómo los traumas del pasado nos enseñan a desconfiar.

Nos hacen pensar que lo bueno es sospechoso, que siempre hay un precio que pagar. Pero hoy entendí que con Dios es diferente. Él no me da cosas buenas por lo que soy o hago, sino porque Él es bueno y porque me ama.


Y aquí está lo más hermoso: la bondad de Dios no solo se encuentra en los grandes regalos, sino en las pequeñas cosas del día a día. En el amanecer, en una conversación sincera, en el pan recién horneado. Esas son las evidencias de que “de eso tan bueno sí dan tanto”.


Así que, si alguna vez te has preguntado si mereces la vida que tienes, recuerda esto: no se trata de merecer, se trata de un Dios que es bueno. Y si estás con Él, sí hay un mejor mañana.

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