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El Momento Perfecto

Tengo más de 32,000 fotografías guardadas como silenciosos testigos de momentos que nunca fueron compartidos.

Las miro de vez en cuando, como quien repasa cartas que nunca envió, esperando siempre el día adecuado, la palabra exacta, el instante en que cada imagen se convierta en perfecta. Pero ese día nunca llega.


He pasado demasiado tiempo esperando la conjunción mágica entre la luz, el ánimo y las palabras precisas. Como si la vida tuviera la obligación de alinearse con mis expectativas, y no al revés.


Hoy, por fin, he comprendido: el momento perfecto no existe, porque el único momento que tenemos es este, el ahora.


Ahora es cuando debo liberar esas imágenes del olvido y dejarlas volar hacia quienes pertenecen.

Ahora es cuando debo escribir esos versos que llevan demasiado tiempo en mi mente, enredados como raíces en la tierra.

Ahora es cuando debo atreverme a lo nuevo, aunque lo nuevo me asuste.

Ahora es cuando debo decir “te amo”, porque mañana es una promesa incierta que no le pertenece a nadie.


Esperar la perfección es condenarse a una vida que se escapa entre las grietas del tiempo. La vida nunca llega como la soñamos: llega como es, imperfecta y llena de caos, pero también de belleza. Si me empeño en aguardar el momento exacto, lo único que lograré es verla pasar como un tren al que nunca me subí.


He decidido vivir la vida como se presenta, compartir mis memorias y mis pensamientos aunque no sean perfectos, porque la verdadera tragedia no es equivocarse, sino quedarse esperando mientras la vida sigue su camino, imparable y maravillosa.

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